miércoles, 29 de marzo de 2017

El ajedrez nutre la educación innovadora


El rey de los juegos aporta muchos valores y habilidades necesarios en una realidad muy cambiante
El ICOT (el congreso sobre pensamiento más importante del mundo) incluyó el ajedrez en su última edición (Bilbao 2015) y proyecta hacerlo en la próxima (Miami 2018). El Parlamento Europeo (2012, con 415 eurodiputados a favor) y el Español (2015, por unanimidad), apoyan el ajedrez educativo. Los resultados de las experiencias piloto, como la ya consolidada en Cataluña, confirman que esos tres organismos tienen razón. Y la mayoría de los estudios científicos llegan a conclusiones positivas.
En la Generalitat de Cataluña están muy satisfechos tras cinco cursos de introducción del ajedrez como herramienta transversal e interdisciplinar en horario lectivo en más de 300 escuelas. Lo único que lamentan es que la crisis económica haya impedido acelerar el proyecto. “Más del 80% de los docentes implicados están satisfechos o muy satisfechos; ese porcentaje es altísimo si lo comparamos con otras herramientas que hemos probado”, me dijo el sábado Montserrat Payés, responsable del Servicio de Ordenación Curricular de Educación Infantil y Primaria.
Estábamos en la Universidad de Girona, que, junto a la de Lleida, diseñó un estudio científico paralelo, comparando a los alumnos de ajedrez educativo con los de un grupo control. Sus coordinadores quieren repetirlo, ampliando el campo y corrigiendo pequeños fallos metodológicos (quienes pasaron las pruebas en los centros del grupo control eran docentes de esos colegios, en lugar de personas neutrales), pero están convencidos de que esas correcciones no variarán sustancialmente las conclusiones provisionales: los alumnos de ajedrez educativo han desarrollado más su inteligencia, incluida la emocional, y han mejorado su rendimiento académico, sobre todo en matemáticas y comprensión lectora. Ese convencimiento se basa principalmente en lo que observan cada vez que visitan los centros implicados, pero también en que tales resultados coinciden mucho con los de otros estudios publicados, como los realizados en Tenerife, Trier (Alemania) y Aarhus (Dinamarca).
Además, ese alto grado de satisfacción también puede verse en otros muchos colegios españoles de amplia experiencia con el ajedrez en horario lectivo. Por citar sólo algunos de los que el autor de estas líneas ha visitado personalmente, los hay privados de gran prestigio (Montserrat, en Barcelona; Europeo, en Madrid; El Altillo, en Jerez de la Frontera, Begoñazpi, en Bilbao; Robinet, en Piélagos); o concertados (cooperativa Gredos-San Diego, en Madrid; Luis Vives, en Elche; Ciudad Infantil San Jorge, en Alicante); o públicos (Germán Fernández Ramos, en Oviedo; Santa Anna, en Oliva; varios de Galicia, Cantabria, Menorca y Tenerife).

Hay tropecientas razones de peso para exigir que el jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, pida disculpas por unas recientes declaraciones al Frankfurte Allgemeine, en las que afirmaba que los países del sur “gastan todo su dinero en copas y mujeres, y luego piden el rescate”. En lugar de fijarse sólo en los pestilentes juicios por corrupción, el soberbio holandés (se ha negado a rectificar) haría bien en mirar otras cosas. Por ejemplo, España e Italia promueven o participan en diversas experiencias de ajedrez educativo financiadas con fondos europeos. España, junto con Argentina y Uruguay, es la vanguardia mundial en ese campo; y Extremadura en concreto, la principal referencia en cuanto a sus aplicaciones sociales y terapéuticas (cárceles, rehabilitación de drogadictos, retraso del deterioro cognitivo y un largo etcétera); los Parlamentos de Canarias y Galicia ya han tomado decisiones similares a las citadas del Europeo y el Congreso de los Diputados de España; los Gobiernos de Canarias y Andalucía acaban de aprobar y financiar campañas masivas para formar a los docentes en ajedrez; una gran parte de los mayores expertos del mundo en ajedrez educativo proviene de esos países, así como de Colombia, Venezuela y México.
Además de la escasez de docentes capacitados para utilizar el ajedrez como herramienta educativa, el otro punto negro del asunto es que muchas experiencias de enorme interés no van acompañadas de estudios científicos bien diseñados y rigurosos, que sin duda darían un respaldo académico mucho mayor a los resultados. El prestigioso investigador suizo Fernand Gobet, exajedrecista y catedrático de Psicología Cognitiva en la Universidad de Liverpool, desempeña muy bien su necesario papel de mosca cojonera cuando lo recuerda una y otra vez, y también cuando señala que algunas de las virtudes que se atribuyen al ajedrez aún no han sido demostradas científicamente. Por ejemplo, que la memoria a corto plazo que los jugadores desarrollan mucho sea transferible a otros ámbitos de la vida normal.
Pero no se requiere estudio científico alguno para asegurar categóricamente que el ajedrez desarrolla, por ejemplo, la atención, la concentración y el pensamiento lógico; y también que enseña a prever las consecuencias de nuestros actos; millones de jugadores y miles de educadores pueden dar testimonio de ello. Y quizá sea aún más importante recalcar que no es necesario quitar otra materia del currículo para introducir el ajedrez, porque éste puede emplearse de manera transversal (inteligencia emocional) en todas las asignaturas, o interdisciplinar para hacer más amenas las clases de Matemáticas (geometría, aritmética, cálculo mental, álgebra…), Lengua, Historia, Inglés o Educación Física, como se ha comprobado en múltiples experiencias con buenos resultados.
Incluso el hipercrítico y superescéptico Gobet lo admite en un reciente artículo publicado por este periódico, que firma junto al italiano Giovanni Sala: “Parece que la práctica del ajedrez tiene efectos moderados sobre la capacidad cognitiva y el éxito de los niños en matemáticas”. Aunque, fiel a su línea habitual, añade una puya: “No obstante, es probable que la influencia positiva se deba a un efecto placebo, como por ejemplo la excitación que provoca una nueva actividad”.
Es muy probable que Gobet cambie de opinión si escucha alguna de las conferencias del argentino Juan Luis Jaureguiberry, el mayor experto del mundo en ajedrez para las clases de Matemáticas, como lo han hecho miles de docentes argentinos, mexicanos, españoles y panameños cuando se han puesto de pie para aplaudirlo. Los científicos, a veces inmersos en demasía en un mundo teórico, suelen olvidar que los estudios perfectos pueden ser carísimos o casi imposibles si se quiere lograr una metodología irrefutable.
Y también ignoran a veces lo que indica el sentido común: en un colegio donde el ajedrez es popular, los alumnos están más atentos en clase si los profesores de Matemáticas, Lengua, Historia o Inglés lo utilizan para captar su atención y facilitar la comprensión de ideas complejas. Para entender eso, no hace falta haber estudiado en Harvard. Por ejemplo, cuando el profesor de Historia deba explicar la Revolución Francesa, tendrá más éxito si empieza la clase hablando de Philidor (1726-1795), el mejor ajedrecista del mundo de esa época, también músico eminente, capaz de jugar cinco partidas simultáneas con los ojos vendados, y autor de una frase redonda –“Los peones son el alma del ajedrez”- pocos años antes de que los peones de la sociedad francesa (y poco después, los de gran parte del mundo) empezaran a ganar derechos y libertades. Impresionados por Philidor, los alumnos estarán mejor preparados para querer saber a continuación quiénes fueron y qué hicieron Diderot y Robespierre.
El ajedrez, único deporte que se puede practicar por Internet, con 188 países afiliados a la Federación Internacional (FIDE), casa muy bien con algunas ideas fundamentales a la hora de renovar la educación en el siglo XXI. En menos de quince años, al menos la mitad de nuestros niños ejercerán profesiones que hoy no existen, utilizando tecnología y resolviendo problemas que aún no existen. Los maestros tendrán que enseñar lo que no saben. El temor a que el progreso de las computadoras acabe con el ser humano dependerá de que sea éste quien tome las últimas decisiones y sepa interpretar el diluvio de datos que le dará la máquina. Todo ello requiere una educación que enseñe a pensar de manera muy flexible, adaptándose con rapidez a una realidad muy cambiante; y una gran capacidad para tomar decisiones razonadas, profundas y rápidas. Los ajedrecistas tienen todos esos procesos automatizados, porque los realizan muchas veces en cada partida. Otra cosa es que algunos de ellos estén obsesionados con el ajedrez, que ocupa su vida por completo, y por tanto no puedan transferir lo desarrollado. Pero en este artículo se habla del ajedrez como herramienta educativa, no de la competición profesional.

Parece que, por fin, los principales partidos políticos españoles tienen una voluntad real de llegar a un consenso firme y duradero en lo relativo a la educación. Y cabe suponer que las importantes ideas del párrafo anterior estarán encima de la mesa en sus discusiones. Confío en no ser demasiado optimista si también supongo que sus señorías están preocupadas por la nefasta influencia en millones de personas de lo que muy suavemente se llama “telebasura” (sugiero a la Real Academia de la Lengua que adopte el término telemierda, porque es mucho más apropiado a la bazofia que algunos vomitan en programas de gran audiencia); un juego milenario que enseña a pensar puede ser útil en ese ámbito. En definitiva, el ajedrez educativo encaja como un guante con muchos parámetros de la educación innovadora; por eso, los grandes gurús de Harvard lo incluyen en el ICOT.http://deportes.elpais.com/deportes/2017/03/22/la_bitacora_de_leontxo/1490179217_496640.html

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Violència de gènere a la literatura catalana contemporània. Sílvia Güell Segarra.





(Versió resumida de l’aricle, publicada Grèc. Web de la Universitat Rivira i Virgili de Tarragona)
 

La violència contra les dones és, malauradament, un problema arrossegat al llarg de la història de la humanitat que encara avui, al segle XXI, no ha quedat relegat al món de la ficció. El món real, dia rere dia, ofereix notícies de dones mortes a mans dels seus companys, i, tristament, es comprova una vegada més que la realitat acaba superant la ficció. La ficció, al seu torn, s’inspira en la realitat per tal d’esdevenir-ne un reflex.
L’objectiu d’aquest article és analitzar de quina manera es planteja el tema de la violència de gènere a la literatura catalana del segle XX i de principis del segle XXI. Per tal de dur a terme aquesta tasca he intentat seleccionar les obres més significatives que tracten aquesta qüestió dins de la narrativa catalana escrita per dones.
Per a la meva anàlisi m’he basat en les obres següents: la novel·la Solitud (1905) i el conte de Contrallums (1930) «La pua de rampí», de Caterina Albert; els contes La Porc (1902), «Gent de bé» (1904) i «L’espurna» (1904), de Palmira Ventós; La plaça del diamant (1962) i El carrer de les Camèlies (1966), de Mercè Rodoreda; Feliçment jo sóc una dona (1969), de Maria Aurèlia Capmany; El temps de les cireres (1976), de Montserrat Roig i T’imagines la vida sense ell? (2000), d’Isabel-Clara Simó. A banda d’aquest conjunt d’obres, que tenen com a denominador comú el fet de pertànyer al gènere narratiu i d’haver estat escrites per dones, he optat per incloure dues obres que, tot i no complir aquests requisits, presenten interès pel contrast que donen al conjunt. Es tracta de la novel·la juvenil L’infern de Marta (2003), de Pasqual Alapont, l’única obra d’autor masculí de la mostra, i el monòleg teatral Còmplices (2004), d’Isabel-Clara Simó, que presenta la particularitat de plantejar el tema de la violència de gènere a través del prisma de l’agressor.
La tria, malgrat el seu caràcter miscel·lani, es pot classificar, seguint un criteri cronològic, en tres grans blocs: obres de principis de segle, obres de la primera i segona generació de postguerra, i obres contemporànies en el sentit més actual de la paraula. L’obra d’Anne Charlon La condició de la dona en la narrativa femenina catalana (1900-1983) (1990) [Barcelona: Edicions 62] m’ha facilitat molt la tasca de resseguir el tema de la violència de gènere en la narrativa catalana contemporània escrita per dones. Amb tot, la mostra que ofereix aquest article no pretén ser, ni de bon tros, una selecció exhaustiva, sinó més aviat un tast del que ens ofereix la nostra literatura al voltant d’aquesta qüestió.
La violència de gènere al corpus analitzat
Tal com apunta Anne Charlon, en les obres de les narradores de principis del segle XX la violència contra les dones es manifesta en la seva màxima expressió, això és, l’agressió sexual.
Així ho podem constatar, per exemple, en l’obra de Caterina Albert. Els conflictes i la violència que marquen les relacions humanes, sobretot entre homes i dones, són elements recurrents de la narrativa de l’escriptora empordanesa.
A Solitud (1905), tot i no ser específicament una novel·la sobre la violència de gènere, l’episodi de la violació de la protagonista, Mila, per part de l’Ànima, personatge arquetípic de la brutalitat masculina, és la culminació de tot el procés d’opressió que pateix durant el seu període com a ermitana i, al mateix temps, és l’element detonador del desenllaç de la novel·la. Després de l’agressió, Mila decideix abandonar el seu marit i emprendre una vida nova.
El tema de la violació reapareix en un dels contes del recull Contrallums (1930), «La pua de rampí». La narració relata com una noia és agredida sexualment quan travessa el bosc en el seu camí de tornada a casa. L’agressor, en Roget, presenta un perfil gairebé idèntic que el de l’Ànima de Solitud: es tracta d’un individu que vaga pels boscos, amb uns atributs més animals que no pas humans, com una mena de llop de la Caputxeta Vermella. De fet, la narració es pot considerar una recreació literària d’aquesta rondalla. La diferència d’aquesta narració respecte de Solitud és que la violació no s’acaba completant: la noia aconsegueix desfer-se de l’agressor clavant-li la pua de rampí que duu a sobre.
Deixant de banda la narració dels fets, el conte és interessant perquè reflecteix el patró de comportament social de l’època davant de les agressions sexuals. Aleshores —com avui encara s’esdevé en altres cultures— una violació era una deshonra per a la víctima i, de retruc, per a la seva família. És per això que la protagonista manté l’incident en secret. Quan es descobreix el cadàver d’en Roget, el pare de la noia dedueix què ha passat però prefereix callar, sense intentar donar consol a la filla ni preocupar-se pel seu estat. És el silenci típic amb què a l’època se solien tapar aquest tipus d’esdeveniments.
El tema les agressions sexuals és plantejat en la narració com un problema sense solució. Així queda palès en la reflexió determinista que fa la narradora a l’epíleg final del conte: la violència contra les dones és una constant universal que perdurarà al llarg de la història de la humanitat.
La narració  La Porc (1902), de Palmira Ventós, narra la història d’una noia que treballa com a porquera en un mas i que, a banda d’haver de suportar els continus menyspreus dels seus amos i companys, és víctima de les agressions sexuals de l’amo. La narració comparteix amb la narrativa de Caterina Albert la caracterització de l’agressor com una bèstia i la descripció de la cruesa de la vida rural.
La violència contra les dones apareix en altres narracions de Palmira Ventós, com és el cas de «Gent de bé» i «L’espurna», del recull Asprors de vida (1904). A la primera es narra la història de Sidro, un pagès sorrut i violent que tracta la dona i el fill amb «crits i esvalots». Al final de la narració la muller l’abandona després d’haver heretat la fortuna del seu amant. A «L’espurna», una història de Capulettos i Montescos, trobem una escena en què una marit amenaça verbalment la seva dona amb apallisar-la si no para de portar-li la contrària.
La diferència fonamental entre la narrativa de Palmira Ventós i la de Caterina Albert és que mentre la darrera fa una denúncia clara del comportament masculí, la primera es resisteix a presentar les dones com a víctimes dels seus companys tot carregant-les de trets i actituds mesquins.
En les obres de les escriptores de la primera i segona generació de postguerra, la violència contra les dones és una faceta més de la situació d’opressió viscuda per les protagonistes. El perfil dels agressors no és tant el de la bèstia primària de les narracions de principis del segle XX com el d’un ésser egoista, dictador i mancat d’intel·ligència. Per la seva banda, els personatges femenins són dones obligades a viure a l’ombra dels seus marits; a no tenir opinió pròpia; a ocupar-se de les tasques domèstiques i de l’educació dels fills; a satisfer sexualment els seus marits i a ser mers trofeus decoratius que ells puguin exhibir.
A La plaça del diamant (1962), de Mercè Rodoreda, es descriu el procés d’opressió a què es sotmesa Natàlia a partir del moment que coneix Quimet, un xicot irracionalment gelós, victimista i manipulador. Quimet es dedica a anul·lar la personalitat de Natàlia. Tot i que no hi ha agressions físiques, les agressions psicològiques són constants. Així ho veiem, per exemple, en la insistència amb què Quimet recorda les virtuts de la Maria, una xicota fictícia, per tal de torturar Natàlia amb la idea que és una muller i mestressa de casa pèssima. Quimet descarrega la seva ira contra Natàlia i mostra una conducta violenta quan les coses no li surten com ell vol.
La violència relativament continguda de La plaça del diamant contrasta amb la cruesa de les situacions que Rodoreda narra a El carrer de les Camèlies (1966). En les seves múltiples relacions, Cecília, la protagonista, és víctima d’individus gelosos i violents que la tracten com un objecte sexual. La seva situació arriba al paroxisme al costat d’Eladi, un jove que la tanca al seu pis i la manté drogada perquè ell i els seus amics la puguin sotmetre a tot tipus de vexacions.
La novel·la Feliçment, jo sóc una dona (1969), de Maria Aurèlia Capmany, comparteix amb El carrer de les Camèlies el fet de tenir com a protagonista una dona que en un moment de la seva vida exerceix la prostitució i és víctima de l’agressivitat del seu company. A banda d’això, Cecília i la protagonista de la novel·la de Capmany, Carola Milà són dos personatges ben diferents. Si Cecília s’abandona al curs de la vida i esdevé víctima d’un seguit de desgràcies, Carola és una dona intel·ligent i lluitadora que no deixa en cap moment que les circumstàncies la superin. En la seva etapa com a prostituta, Carola coneix Esteve, un noi de casa de bona possessiu i violent amb qui s’acaba casant després de quedar-se embarassada. Malgrat les agressions verbals i físiques a què la sotmet Esteve, Carola es manté, en un principi, invulnerable, perquè no hi té cap vincle afectiu. Amb els anys Carola es va enfonsant i intenta suïcidar-se per fugir de la seva existència grisa.
La violència sexual, tan típica, com ja hem vist, de les obres de principis del segle XX, reapareix en la novel·la de Montserrat Roig El temps de les cireres (1976). La nit de noces de Patrícia, una de les protagonistes de la novel·la, és descrita pràcticament com una violació. Per altra banda, la submissió de la dona a la voluntat del seu marit és clara en la relació de Sílvia i Lluís. En el terreny sexual, Lluís imposa pràctiques que Sílvia rebutja. En matèria domèstica, exigeix a la seva dona que mantingui la casa impol·luta. Tot i que no arriba a agredir-la mai, el menyspreu amb què la tracta és ostensible al llarg de tota la novel·la.
Les obres contemporànies del corpus analitzat es caracteritzen per un tractament molt més aprofundit de la violència de gènere des del punt de vista psicològic. El calvari interior sofert per les víctimes s’hi descriu detalladament. A les novel·les T’imagines la vida sense ell? (2000), d’Isabel-Clara Simó, i L’infern de Marta (2003), de Pasqual Alapont, el lector és testimoni del procés de degradació viscut per les protagonistes dia rere dia com a víctimes de les agressions físiques i psicològiques dels seus companys.
A T’imagines la vida sense ell? un fill descobreix el secret més ben guardat de la seva mare, que acaba de morir, quan llegeix el seu diari íntim. Al diari la protagonista, Mercè, narra el seu calvari al costat de Ricard, que la sotmet a agressions i vexacions constants. En un principi, Mercè es mostra com una dona anul·lada i marcada per la por. Amb la maternitat es produeix un punt d’inflexió en l’evolució del seu personatge. Mercè decideix lluitar per la seva felicitat i la del seu fill. D’aquesta manera, idea el crim perfecte per desfer-se del seu marit. El fet de descobrir que el seu pare maltractava la seva mare i que la mort del seu pare no va ser un accident planteja al fill de Mercè un dilema moral que es trasllada al lector: és moralment justificable que una dona maltractada assassini el seu agressor?
L’infern de Marta narra la història d’una jove universitària, Marta, que inicia una relació sentimental amb Hèctor, un jove misteriós que aviat li acaba mostrant la seva veritable cara. Marta va caient sota el domini del seu company, que la sedueix amb les seves mentides i va anul·lant de mica en mica la seva personalitat amb una alternança de violència i manipulació victimista. Quan Marta descobreix que Hèctor és l’assassí d’una noia que porta un any desapareguda, decideix abandonar-lo i fugir. Hèctor gairebé aconsegueix acabar amb la vida de la noia, que se salva gràcies a la intervenció dels seus amics.
Gràcies a la tècnica del narrador omniscient, la novel·la de Pasqual Alapont ens ofereix tant la perspectiva de Marta com la del seu agressor, de manera que el lector obté una visió molt més completa dels fets.
Al monòleg Còmplices (2004), Isabel-Clara Simó ens ofereix l’altra cara de la moneda. L’autora abandona el punt de vista de la víctima per donar la visió dels fets a través de la mirada del botxí, sense intentar justificar-lo en cap moment. Miquel, des de la presó, intenta explicar els motius que l’han portat a assassinar la seva companya. L’obra mostra al lector/espectador un individu masclista amb trets de psicòpata que troba raonable el fet d’escanyar la seva dona i introduir-li una batedora elèctrica a la vagina només perquè sospita que no és el pare del fill que espera.
Les obres del corpus analitzat són molt diverses, però amb un denominador comú: les seves protagonistes són, d’una manera o d’una altra, víctimes de la tirania dels homes. Amb la perspectiva general sobre la manera com enfoquen la temàtica de la violència de gènere les obres d’aquesta tria, podem passar a analitzar més profundament els diversos subtemes que giren al voltant d’aquesta qüestió, com poden ser la gelosia malaltissa, l’instint de possessió o el victimisme de l’agressor, per una banda, i el sentiment de culpabilitat, la por de la víctima o l’anul·lació de la seva personalitat, per l’altra.
El primer tret que crida l’atenció dels agressors d’algunes de les obres analitzades és el fet que en un primer moment es presenten com a éssers dòcils, comprensius i sensibles. Són com el gatet de veu dolça del conte de la rateta: utilitzen totes les seves tècniques de seducció per atrapar les seves preses. Aquesta és la tècnica que utilitza Marc (El carrer de les Camèlies) per seduir Cecília. Per la seva banda, Eladi també s’amaga sota una màscara de bonhomia per aconseguir que Cecília s’instal·li al seu pis. L’Esteve de Feliçment sóc una dona adopta un posat elegant i educat que, tanmateix, no aconsegueix ensarronar Carola. Ricard, a T’imagines la vida sense ell?, es mostra tan falaguer i encisador que no només aconsegueix enamorar Mercè, sinó que també obté el consentiment de la tieta de la noia. L’infern de Marta ofereix un altre exemple de príncep encantador que acaba convertint-se en gripau. Hèctor acaba seduint Marta a base de paraules dolces, rams de flors i invitacions constants per sortir.
La gelosia es pot considerar el tret més característic dels agressors. El fet d’impedir veure familiars o amics, de controlar les sortides, l’ús del telèfon i del correu són indicis d’una gelosia portada fins a l’extrem i basada en la por de perdre el control sobre la companya. En les obres analitzades trobem molts casos de comportaments gelosos dels personatges masculins. Agressions físiques a banda, la gelosia sol anar lligada a la prohibició a les dones de treballar i de relacionar-se. Així, per exemple, Quimet, a La plaça del diamant, obliga Natàlia a deixar de treballar perquè està gelós del seu cap. Cosme, un dels companys de Cecília a El carrer de les Camèlies, prohibeix a la protagonista que es pinti perquè no suporta que els altres homes la mirin. A Feliçment sóc una dona l’Esteve retira Carola de la prostitució i ni tan sols tolera que parli amb altres homes. La gelosia de Ricard, a T’imagines la vida sense ell?, arriba a l’extrem de prohibir a Mercè d’anar amb les seves amigues, comportament que també trobem en Hèctor de L’infern de Marta. Hèctor fins i tot està gelós dels professors de la seva xicota. En el cas de Miquel (Còmplices), veiem com fins i tot se sent gelós dels actors de Hollywood que la seva companya admira.
L’instint de possessió masculí, és una constant en totes i cadascuna de les obres analitzades malgrat la diversitat de situacions plantejades. Els personatges maltractadors consideren les seves companyes com a objectes destinats a satisfer les seves necessitats. Les qualitats de la dona es defineixen en funció del grau d’eficència amb què compleixen les seves “obligacions” —fer les feines de casa, tenir cura dels fills i tenir l’home content en el sentit més ampli de la paraula. Treballar fora de casa o estudiar són activitats que distreuen la dona d’aquestes obligacions i, per tant, cal bandejar-les. Aquest és el principal mecanisme de control dels agressors sobre les seves víctimes. D’aquesta manera, no només els redueixen l’àmbit d’interacció social, sinó que també obtenen el control de l’economia. L’instint de possessió dels personatges arriba fins a l’extrem de privar les seves víctimes de la llibertat més fonamental: la de pensar i decidir lliurement. Les víctimes es veuen forçades a callar, a no tenir opinió pròpia.
Els agressors, per tal de contrarestar la seva actitud agressiva i aconseguir el perdó de les seves companyes o bé justificar els seus actes, solen recórrer a una actitud victmista. L’exemple més clar d’aquest patró de conducta el trobem en Miquel, el protagonista de Còmplices, que es dedica a intentar justificar-se al llarg de tot el monòleg i a fer-se la pregunta «I els meus drets, què?». La manipulació victimista també forma part del modus operandi de personatges com Ricard (T’imagines la vida sense ell?), Hèctor (L’infern de Marta) o Quimet (La plaça del diamant).
Pel que fa a les víctimes, tot i ser dones de personalitats ben diferents, són personatges que segueixen un procés de degradació psicològica paral·lel en les diverses obres analitzades. La reacció davant de la primera agressió sempre sol ser de perplexitat. Els personatges no troben un perquè que justifiqui els actes dels seus companys i entren en estat de xoc. Mila, Natàlia, Cecília, Sílvia, Patrícia, Mercè, Carme, Marta… totes elles acaben alienades i sotmeses a la voluntat masculina. El cas de Carola (Feliçment jo sóc una dona) és l’excepció: tot i ser víctima de la gelosia violenta d’Esteve, no perd mai la seva identitat i té molt clares les seves prioritats.
La por d’irritar l’agressor i de desencadenar la seva ira són les constants que marquen el comportament de les víctimes. En alguns casos, veiem com els personatges cauen presoners d’un sentiment de culpabilitat que els fa creure que realment es mereixen tot el que els succeeix.
Davant d’aquesta situació insuportable, les protagonistes femenines reaccionen de manera diferent. Així els desenllaços del conjunt d’obres estudiades també són diversos. Mila (Solitud) i Carola (Feliçment jo sóc una dona) decideixen abandonar els seus companys i començar una nova vida com a dones lliures. A La plaça del Diamant, l’alliberament de Natàlia passa per la mort d’en Quimet a la guerra. A El carrer de les Camèlies, Cecília, després d’haver estat víctima tota la vida dels homes, decideix canviar la seva actitud: renuncia a l’amor i utilitza els homes per guanyar diners. Carme, la víctima de Còmplices, s’encara una vegada a Miquel, però acaba rebent una bufetada com a resposta. Carme no aconsegueix alliberar-se del seu botxí: Ricard l’acaba matant. Marta (L’infern de Marta) decideix abandonar el seu company i aquest, per impedir-li-ho, gairebé aconsegueix matar-la. Marta recupera la seva vida i els seus amics i, embarassada d’Hèctor, decideix portar el seu fill al món. Les reaccions més dràstiques les trobem a «La pua de rampí» i T’imagines la vida sense ell?. A la narració de Caterina Albert, la pubilla fereix el seu agressor per tal d’impedir que la violi (la mort es produeix després). A la novel·la d’Isabel-Clara Simó la protagonista aconsegueix assassinar el seu marit i fer creure a tothom que ha estat una mort natural. Aquest desenllaç constitueix el cas més clar de triomf de la víctima sobre el botxí: Mercè es venja sense perdre la seva llibertat.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

La memòria, la vida: Proust 1913



Per tal de commemorar el centenari de la publicació de Pel cantó de Swam, primer  volum de A la recerca del temps perdut de Marcel Proust reproduïm aquest breu però interessant article de Joan F. Mira publicat a El País el 13 de novembre de 2013. 

La literatura occidental entrava en el segle XX per la porta més ampla i majestuosa possible, la porta de la memòria
Joan F. Mira 13 NOV 2013
Aquests dies fa exactament cent anys, a la primeria de novembre del 1913, Bernard Grasset publicava per fi Du côté de chez Swann, primer volum de À la recherche du temps perdu (a càrrec de l’autor, després que l’obra havia sigut rebutjada per diversos editors), i la literatura occidental entrava en el segle XX per la porta més ampla i majestuosa possible, la porta de la memòria. La primera ratlla, famosa ja per sempre, sembla del tot banal, però obre tot un món d’experiència i de reminiscència: “Longtemps, je me suis couché de bonne heure”, i simplement s’obre l’immens palau del temps perdut. Quaranta pàgines després, l’autor, que llavors tenia poc més de quaranta anys (no era ja un jove, no era encara vell), es pregunta justament pel valor de la memòria, i si les informacions que dóna conserven realment el passat: “No val la pena (“c’est peine perdue”) que intentem evocar-lo, tots els esforços de la nostra intel·ligència són inútils. Està amagat, fora del seu abast i del seu domini, en algun objecte material (en la sensació que ens donaria aquest objecte material) que no sospitem. Aquest objecte, depèn de l’atzar que ens el trobem abans de morir o que no ens el trobem.” Els objectes materials com a vehicles i fonament de la metàfora (la “magdalena” és només el primer i més famós), la quotidianitat com a expressió del fons inexpressable de la vida, i una època, una cultura i una societat sencera recuperats a través de personatges i d’històries aparentment banals, insubstancials, plens de prejudicis i de petites manies, farcits d’escenes i d’episodis que, en ells mateixos, sembla que no tenen ni un mínim interès, just el contrari d’aquestes novel·les que sobretot pretenen “enganxar” el lector. El resultat és la més gran catedral de la narrativa mai construïda, tallada pedra a pedra, calculada, estudiada. I André Maurois, en el pròleg a l’edició de La Pléiade, conclou: “Res de més bell ni més just que l’entusiasme universal suscitat per aquest relat simple, particular i local. Tal com el gran filòsof en un sol pensament troba tot el pensament, el gran novel·lista d’una sola vida i dels objectes més humils sap fer sorgir totes les vides.” Així és, i d’això fa exactament un segle. No sé si el gremi de la ploma n’ha fet alguna commemoració.
 

Centenari del naixement de 'l'estrany existencialista' Albert Camus



Article publicat al diari digital VilaWeb el 7/11/2013 (Sense signatura). 


Definir genèricament la figura de l'escriptor Albert Camus (Drean, Algèria, 7 de novembre de 1913 - Villeblevin, França, 4 de gener de 1960) no és fàcil: novel·lista, assagista, dramaturg, filòsof, periodista… Aquest referent humanista en els àmbits del pensament i l'art, de qui avui es commemora el centenari del naixement, va rebre el 1957 el premi Nobel de literatura (discurs) per haver 'exposat els problemes que afecten la consciència humana del seu temps'. El màxim representant de l'existencialisme, al costat de Jean-Paul Sartre, tenia sols quaranta-quatre anys quan va rebre el reconeixement del comitè suec, però la vida se li va acabar bruscament poc després, el 1960, arran d'un accident de trànsit. Amb un estil exigent i precís, neutral i profund, 
Camus va dominar tots els gèneres literaris, de la novel·la a l'escriptura dramàtica, de l’assaig als articles periodístics. És en el periodisme on va començar l'activitat, a la seva Algèria francesa natal. Sorgit de família humil, amb el pare mort a la Primera Guerra Mundial i de mare originària de Menorca (Catalina Elena Sintes), el jove Camus, format en el comunisme, va entrar de redactor en la publicació d'esquerres 'Alger Républicain', on va obtenir molt de ressò el seu reportatge 'La misèria de la Cabília' (1939). Camus, convençut pacifista i antimilitarista, va esquivar d'integrar-se a l'exèrcit quan va esclatar la guerra d'alliberament a Algèria a causa de la seva tuberculosi. Amb el tancament del diari on treballava, decretat per les autoritats colonials, el 1940 va deixar Alger i es va traslladar a París, on va començar a treballar a 'Paris-Soir' i va fundar la revista 'Rivage'. A França és on va publicar el gros de l'obra, com 'L'estrany' i 'El mite de Sísif' (1942), on exposava la seva filosofia, a més de 'Calígula' (1944), 'La pesta' (1947), 'L'Homme révolté' (1951), 'L'Été' (1954) i 'La caiguda' (1956). També hi va dirigir el diari clandestí 'Combat' (1943).
El 4 de gener de 1960, en tornant de Lourmarin, Albert Camus va perdre la vida en un accident de trànsit a l'altura de Villeblevin. També hi va morir el seu amic Michel Gallimard, que conduïa el cotxe. Camus és enterrat a Lourmarin, on havia comprat una propietat gràcies als diners obtinguts amb la concessió del premi Nobel de literatura el 1953.
 

jueves, 16 de mayo de 2013

Carmen Martín Gaite, doctora en Manhattan

La escritora Carmen Martín Gaite. / ANA TORRALBA




Reportaje publicado en El País el 29 de abril de 2013. por Tereixa Consteinla.




¡Miranfú! Carmen Martín Gaite dijo la palabra mágica de su Caperucita en Manhattan, se abrió la alcantarilla y una corriente gustosa de aire tibio la ascendió hasta la corona de la estatua de la Libertad. Allí sigue, reinando como si no hubiera muerto. En Estados Unidos, donde aman a los reyes con vehemencia republicana, la han entronizado como el gran clásico de la literatura española contemporánea. El único autor de España presente en 56 universidades al norte del Río Grande.


Ni Benet, encumbrado entre la élite como el más singular de su generación y amadrinado por la escritora —como evidencia la correspondencia entre ambos editada recientemente por el profesor José Teruel—, ni Sánchez Ferlosio, su exmarido, han permanecido indemnes al paso del tiempo. “Ella es imprescindible. El cuarto de atrás es una novela canónica. Nadie puede doctorarse en Estados Unidos sin haberla leído, sin embargo ya casi nadie enseña a Benet ni El Jarama, explica la catedrática de la Universidad de Delaware Joan L. Brown.

Y Brown no le dice por admiración —escribió en los setenta la primera tesis sobre Carmiña de su país— ni nostalgia —lo anterior, desde 1974, las convirtió en grandes amigas—. Esta catedrática ha dedicado dos estudios (1998 y 2008) a fijar el canon académico de la literatura española a partir de la investigación del programa de 56 universidades. Después de un complicado proceso de recopilación de datos, descubrió con placer el lugar que ocupaba su amiga escritora. Ni entre visillos, ni envuelta en nubosidad variable, Carmen Martín Gaite (Salamanca, 1925-Madrid, 2000) presidía el frontispicio, a la cabeza de los programas de estudio.

Tal vez sea la secuencia lógica al fenómeno que se había fraguado en vida de aquella autora que en sus últimos años tenía aspecto de reina de las nieves. “EE UU le dio antes que España tres cosas muy importantes: la fama, el dinero y un cuarto propio para escribir”, sostiene Joan L. Brown. No solo el mundo académico se rindió a sus pies, también lo hizo la crítica, incluida la del The New York Times, que celebró sin remilgos El cuarto de atrás. “Los norteamericanos aficionados a lo ibérico han desarrollado una pasión excepcional por Carmen Martín Gaite y, quiéralo o no ella, también se ha convertido en una de las figuras más importantes en el terreno de los estudios feministas actuales”, escribió John W. Kronik, de la Universidad de Cornell, dos años antes de la muerte de la autora de Lo raro es vivir. Los trabajos no cesan. Roberta Johnson, de la Universidad de Kansas, se ha sumado recientemente con un estudio sobre los paralelismos entre dos obras que María Zambrano y Carmen Martín Gaite escribieron enfermas.

En 1980 la novelista había reflexionado: “Los críticos y estudiantes norteamericanos repartidos por las más distantes universidades le vienen dedicando a mi obra, a pesar de no estar aún traducida al inglés, una atención mucho más seria y rigurosa de la que ha merecido nunca entre mis compatriotas”. También ella experimentó la recurrente historia del profeta contra su tierra. Sin embargo, no cayó en el resquemor. Pasaba estancias en los campus americanos sin desarraigarse. “No tuvo el menor interés en convertirse en americana, tenía un gran sentido patriótico”, subraya Joan L. Brown.

Lo tuvo pese a que, durante años, pagó el peaje de tener aspiraciones en una sociedad nada tolerante hacia las mujeres que rompían lo convencional. “Había mucho machismo y mucho clasismo. Carmiña era feminista, no estaba bien considerada. Para mí fue un gran estímulo, yo estaba muy atrasada. El verano que compartimos fue muy importante porque me abrió cauces”, recuerda Ton Carandell, viuda de José Agustín Goytisolo, en referencia a unas vacaciones en Cataluña con la escritora y Sánchez Ferlosio.

Con el tiempo, Martín Gaite se convertiría en una de las más populares de la generación de los 50, como evidenciaban las colas que desfilaban ante ella en la Feria del Libro, y reconocidas (Nacional de Literatura y Príncipe de Asturias, entre otros). Y, a diferencia del olvido editorial que ha engullido a escritores fallecidos como Ignacio Aldecoa, ella sigue viva. “Acabó dando el salto de novelista buena a novelista popular, que la gente lee en el metro”, afirmó el catedrático de la Universidad de Zaragoza José-Carlos Mainer, en la conferencia que inauguró el congreso internacional Un lugar llamado Carmen Martín Gaite, organizado por la Universidad Autónoma. “No la considero una escritora olvidada, se me escapan las tesis que hay sobre ella. Lo que sí observo son ciertos prejuicios, como si fuera una autora para mujeres, y son erróneos, machistas y revelan el profundo desconocimiento de su obra”, observa el profesor de la Universidad Autónoma y codirector del congreso, José Teruel.

Tanto él como la italiana Maria Vittoria Calvi, editora de Cuadernos de todo, consideran que está pendiente el reconocimiento de su labor ensayística, que incluye más de una decena de títulos, algunos tan exitosos como Usos amorosos de la postguerra española (y su precedente sobre el XVIII) y otros tan documentados como El proceso de Macanaz. Historia de un empapelamiento. La publicación póstuma de Cuadernos de todo ha abierto un nuevo mundo a sus investigadores para indagar en la personalidad de Martín Gaite, alguien que se veía cabalgando perpetuamente entre el caos y el equilibrio. Se lo recordaba a sí misma con dos grandes fotografías de James Dean y Greta Garbo en su dormitorio. Queda la incógnita de si viajaban con ella a Estados Unidos, el país que antes la quiso. Un amor sorpresa. Algo diferente. ¡Miranfú!



Fragmentos de Caperucita en Manhattan:


"...Pero ¿a qué llaman vivir? Para mí vivir es no tener prisa, contemplar las cosas, prestar oído a las cuitas ajenas, sentir curiosidad y compasión, no decir mentiras, compartir con los vivos un vaso de vino o un trozo de pan, acordarse con orgullo de la lección de los muertos, no permitir que nos humillen o nos engañen, no contestar que sí ni que no sin antes haber contado hasta cien como hacía el Pato Donald...
Vivir es saber estar solo para aprender a estar en compañía, y vivir es explicarse y llorar... y vivir es reírse..."



"La ciudad de Nueva York siempre aparece confusa en los atlas geográficos y al llegar se forma uno un poco de lío. Está compuesta por diversos distritos, señalados en el callejero por colores diferentes, pero el más conocido de todos es Manhattan; el que impone su ley a los demás y los empequeñece y los deslumbra. Le suele corresponder el color amarillo. Sale en las guías turísticas y en el cine y en las novelas. Mucha gente se cree que Manhattan es Nueva York, cuando simplemente forma parte de Nueva York. Una parte especial, eso sí.

Se trata de una isla en forma de jamón con un pastel de espinacas en el centro que se llama Central Park. Es un gran parque alargado por donde resulta excitante caminar de noche, escondiéndose de vez en cuando detrás de los árboles por miedo a los ladrones y asesinos que andan por todas partes y sacan un poquito la cabeza para ver brillar las luces de los anuncios y de los rascacielos que flanquean el pastel de espinacas, como un ejército de velas encendidas para celebrar el cumpleaños de un rey milenario.

Manhattan es una isla entre ríos. Las calles que quedan a la derecha de Central Park y corren en sentido horizontal terminan en un río que se llama East River, por estar al este, y las de la izquierda en toro: el río Hudson. Se abrazan uno con otro por abajo y por arriba.

Vigilando Manhattan por la parte de abajo del jamón, donde se mezclan los dos ríos, hay una islita con una estatua enorme de metal verdoso que lleva una antorcha en su brazo levantado y la vienen a visitar todos los turistas del mundo. Es la estatua de la Libertad, vive allí como un santo en su santuario, y por las noches, aburrida de que la hayan retratado tantas veces durante el día, se duerme sin que nadie lo note."


"Mírame a la cara, por favor. Llevo más de un siglo espe­rando este instante.


Sara levantó la vista del plano arrugado de Manhattan y de la servilleta con manchas de chocolate, y durante unos segundos vio ante sus ojos, rodeado de un fogonazo res­plandeciente, el rostro inconfundible de la estatua que ha­bía saludado de lejos a millones de emigrantes solitarios, avivando sus sueños y esperanzas. Pero ahora no la tenía lejos, sino al lado, sonreía y le estaba besando a ella la mano.

Sara cerró los ojos, cegada por aquella visión, y cuando volvió a abrirlos, miss Lunatic había recuperado su as­pecto habitual. Además se había puesto de pie y estaba insultando a alguien. Sara sintió mucho calor cerca de su espalda. No entendía nada. Luego notó que se apagaban unos focos muy potentes que las habían estado iluminando.

—¿Pero se pueden ir todos ustedes al diablo y dejar­nos en paz? Vamos, Sara, salgamos de aquí. Nos tienen cercadas... Los he visto, los vengo viendo avanzar caute­losamente desde hace un rato con sus cacharros..., sí, a usted también, a ver si se cree que por ser vieja soy ton­ta, a usted se lo digo sobre todo, mister Clinton. ¡La inti­midad de miss Lunatic no se compra con dos cócteles de champán y un batido de chocolate! Coge el cochecito, hija...

Sara, que, obedeciendo a un impulso espontáneo de 
solidaridad con su amiga, se había puesto de pie, miró aturdida a su alrededor. Casi junto a su mesa, montado en su silletín alzado sobre unos raíles, el hombre-muñeco de pelo rizoso, se inclinaba hacia miss Lunatic balbucean­do torpes excusas.

—Por favor, señora, no se enfade... Hay un malen­tendido... Les pensamos pagar su trabajo... ¡Muy bien, además...! Si quiere —añadió bajando un poco la voz— podemos establecer ahora mismo las condiciones econó­micas... Pero no se vaya, se lo ruego.

¡Claro que me voy! ¡Ahora mismo!, ¿usted quién es para disponer de mí, ni de qué condiciones me está ha­blando? ¡Poner precio a la Libertad, es el colmo! ¿Dónde se ha visto despropósito semejante?" 



"Sara se encontró sola en un claro de árboles de Central Park; llevaba mucho rato andando abstraída, sin dejar de pensar, había perdido la noción del tiempo y estaba cansada. Vio un banco y se sentó en él, dejando al lado la cesta con la tarta. Aunque no pasaba nadie y estaba bastante oscuro, no tenía miedo. Pero sí mucha emoción. Y una leve sensación de mareo bastante gustosa, como cuando empezó a levantarse de la cama, convaleciente de aquellas fiebres raras de su primera infancia. El encuentro con miss Lunatic le había dejado en el alma un rastro de irrealidad parecido al que experimentó al salir de aquellas fiebres y acordarse de que a Aurelio ya nunca lo iba a conocer. [...]
Estaba tan absorta en sus recuerdos y ensoñaciones que, cuando oyó unos pasos entre la maleza a sus espaldas, se figuró que sería el ruido del viento sobre las hojas o el correteo de alguna ardilla, de las muchas que había visto desde que entró en el bosque. Por eso cuando descubrió los zapatos negros de un hombre que estaba de pie, plantado delante de ella, se llevó un poco de susto. [...]
Pero al alzar los ojos para mirarlo, sus temores se disiparon en parte. Era un señor bien vestido, con sombrero gris y guantes de cabritilla, sin la menor pinta de asesino. Claro que en el cine ésos a veces son los peores. Y además no decía nada, ni se movía apenas. Solamente las aletas de su nariz afilada se dilataban como olfateando algo, lo cual le daba cierto toque de animal al acecho. Pero en cambio la mirada parecía de fiar; era evidentemente la de un hombre solitario y triste. De pronto sonrió. Y Sara le devolvió la sonrisa.
—¿Qué haces aquí tan sola, hermosa niña? —le preguntó cortésmente—. ¿Esperabas a alguien?
—No, a nadie. Simplemente estaba pensando.
—¡Qué casualidad! —dijo él—. Ayer más o menos me encontré a estas horas una persona que me contestó lo mismo que tú. ¿No te parece raro?
—A mí no. Es que la gente suele pensar mucho. Y cuando está sola más.
—¿Vives por este barrio? —preguntó el hombre mientras se quitaba los guantes. 
—No, no tengo esa suerte. Mi abuela dice que es el mejor barrio de Manhattan. Ella vive al norte, por Morningside. Voy a verla ahora y a llevarle una tarta de fresa que ha hecho mi madre.
De pronto, la imagen de su abuela, esperándola tal vez con algo de cena preparada, mientras leía una novela policíaca, le parecía tan grata y acogedora que se puso en pie. Tenía que contarle muchas cosas, hablaría hasta caerse de sueño, sin mirar el reloj. ¡Iba a ser tan divertido!
De la transformación de miss Lunatic en madame Bartholdi no le podía hablar, porque era un secreto. Pero con todo lo demás ya había material de sobra para hacer un cuento bien largo.
Se disponía a coger la cestita, cuando notó que aquel señor se adelantaba a hacerlo, alargando una mano con grueso anillo de oro en el dedo índice.
Le miró, había acercado la cesta a su rostro afilado rodeado de un pelo rojizo que le asomaba por debajo del sombrero, estaba oliendo la tarta y sus ojillos brillaban con cordial codicia.
—¿Tarta de fresa? ¡Ya decía yo que olía a tarta de fresa! ¿La llevas ahí dentro, verdad querida niña?
Era una voz la suya tan suplicante y ansiosa que a Sara le dio pena, y pensó que tal vez pudiera tener hambre, a pesar del aspecto distinguido. ¡En Manhattan pasan cosas tan raras!"




Para ampliar:


-"Volver a Carmiña", por Juan Cruz, en El País.


Pilar Vicente (Dpto. Castellano)

viernes, 12 de abril de 2013

CENTENARI DEL PONT DE CANALEJAS



L'històric Pont de Canalejas d'Elx compleix 100 anys el pròxim 20 d'abril, una obra puntera que va servir com exemple per a altres ponts del territori nacional.

 


Aquest curs, els alumnes de 1º d'ESO van fer una visita-recorregut pels ponts d'Elx . En aquesta activitat van tenir ocasió d'observar de prop aquestes estructures i afermar els conceptes explicats en teoria .Al mateix temps, van conèixer un poc millor la història de la seua localitat i la repercussió que comporta la construcció d'un pont per al desenvolupament i expansió d'una ciutat.


A continuació s'exposen tres apartats:

1) La part del treball relativa a aquest pont realitzada per l'alumne Juan Fernández López

SISTEMA CONSTRUCTIU: És un pont d'arc de tauler superior, té 78 metres de longitud i 22 metres d'alçada.L' esforç de flexió es transmet des del tauler a l'arc directament i mitjançant diafragmes transversals.

Un pont d'arc és un pont en recolzaments als extrems de la llum, entre els recolzaments es fa una estructura en forma d'arc, en la que es tranmeten les càrregues.


COMENTARIS:

El tram central té 50 metres de llum, i els trams laterals recolzats en estreps.Va ser l'obra pública de major llum d' Espanya fins als anys 20.